La Tempestad sobre tacones

Suena una música de otro tiempo, de otro siglo ya, y sobre el escenario una mujer sacude sus rizos rojos, contonea la cintura, menea sus pechos, se quita poco a poco la ropa. Estamos en Las Vegas. La mujer es Tempest Storm. Tiene más de ochenta años.

La pelirroja nació siendo Annie Blanche Banks. Como casi todo mito sexual, no vivió una infancia de tiovivos y algodón de azúcar. Con veinte años ya llevaba seis fuera de su casa y había alegrado la vuelta de la Guerra a dos soldados que ya formaban parte de su fracasado historial matrimonial. Detrás de otro hombre, como toda fatal, llegó a Hollywood donde se encontró sola y abandonada. ¿Qué soñó en ese momento Annie? Soñó ser la Cenicienta, y convertirse en una estrella del cine, pero sus curvas tan explícitas la alejaban de las mujeres elegantes y sofisticadas del cine negro de los años 40. Comenzó siendo corista, pero su espectacular físico y su magnetismo hicieron que la luz del foco se desplazara para alumbrarla en el escenario. El patito feo de la gran pantalla habría de convertirse en el cisne del burlesque. Pin up, talla de sujetador 105 copa DD, movimientos sensuales y una melena roja con la que jugar sobre el escenario. En 1957 Annie pasó a ser, para siempre, Tempest Storm.

La Tempestad se hizo a sí misma, pero el cine que antes le había dado la espalda, le dio una nueva oportunidad para inmortalizarla. Primero fue Russ Meyer, uno de los directores más importantes de la sexploitation, quien contó con su nada discreto físico para el voluptuoso elenco de French Peep Show. Pero si una imagen viene a la cabeza pensando en la mujer de los pechos de 50.000 dólares, es la de sus sensuales bailes en Teaserama, esa joya bizarra del vintage, esa película de culto que la gente de “culto” a la “moral” hubiera quemado en la época.

Pero la Pin Up decidió no retirarse jamás, no dejarnos con su bella y sensual imagen de joven despampanante.. En 1995 anunció su retirada oficial, pero no oficiosa. De vez en cuando, y cada vez con menos frecuencia, Tempest Storm elige con cuidado la ropa que se va a quitar sobre el escenario, normalmente en Las Vegas. ¿Dónde si no? Parece que la Tormenta ha decidido morir quitándose las medias.

Los que no son sus seguidores, los que no van a verla con la nostalgia de un tiempo en que el ritual de desnudarse contaba más que el propio desnudo, los que no saben a quién están viendo y esperan la inmediatez que ofrece cualquier video porno de internet, encuentran que su espectáculo es lento. No se dan cuenta de que no es solo la edad, el burlesque es así. Puede que algunos hasta se rían de ella, ¿pero qué más da? Hay que ser lo que se ha soñado ser, aunque te tomen por loco.

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