La decisión de Juliet

Juliet decidió de repente cambiarlo todo. Tomó una decisión y no se echó atrás en el último momento. Fin de los versos de amor.

Desde que empezó Lost he tenido con esta serie una relación de amor-odio inacabable. Y ayer, que terminé de ver la penúltima temporada, sentí una especie de nostalgia anticipada por saber que la próxima será la última. Para quien no la haya seguido y quiera hacerlo, no os preocupéis, prometo no desvelar nada.

Recuerdo la primera vez que vi Lost. Era septiembre y estaba aburrido, con mucho tiempo libre hasta que volvieran a empezar las clases. Me senté y vi tres capítulos seguidos. Hay que reconocer que el piloto es muy bueno, te presenta unos personajes interesantes, una situación de conflicto (el accidente del Oceanic 815), y plantea una pregunta: ¿qué coño pasa en esta isla?.

Cinco temporadas después los personajes han ido cambiando, ya no están todos los del principio pero hay algunos nuevos. Siempre, claro, unos más interesantes que otros. La situación conflictiva ha ido cambiando, y la pregunta de qué pasa en la isla ha ido poco a poco aclarándose (no del todo) para dejar paso a una nueva pregunta: ¿por qué coño pasa esto en esta isla?

A veces creo que se les ha ido un poco de las manos, que si en vez de seis temporadas hubiera tenido cuatro, la serie hubiera sido mucho mejor, más clara, más interesante. Porque alargando tanto la incógnita han llegado a meter tantas tramas, tantos personajes, tantos enigmas nuevos, que casi resulta imposible seguirlo todo, y hay cosas muy buenas que por culpa de esto han perdido fuerza.

Los juegos con el tiempo, por ejemplo, me parecen de lo mejor de la serie. Descubren facetas de los personajes en su pasado que les dan más profundidad, capas de complejidad que los hacen más reales a la vez que más personajes. La historia de John Locke (mi personaje favorito durante la primera temporada) o de Sawyer antes de la isla, me parecen más interesantes incluso que después del accidente. Ayer, sin embargo, en el último capítulo de la quinta temporada, me di cuenta de que había olvidado cosas muy importantes, detalles vitales en estos dos personajes. Tal vez la información que había llenado sus huecos me sobraba mucho más, pero, pido perdón, mi memoria no da para tanto si además estoy siguiendo otras series, otras películas, otros libros. En definitiva, sigo otras historias que no me permiten tener toda mi atención en Lost (Dios me libre). Esta es quizás la parte que más me irrita de Perdidos, la exigencia con el espectador de “sé un friki o muere en el intento de seguirnos”. Pues muy bien, yo aquí sigo cinco temporadas después, aunque haya cosas que se me escapen, aunque a veces me gustaría que fuera como un libro y poder saltarme capítulos para llegar al final.

Ya he comentado que en un principio mi personaje favorito era John Locke. Desde su homenaje al Padrino con la cáscara de naranja por sonrisa me pareció el más intrigante, el que tenía más niveles, más cosas escondidas que salían a la supeficie poco a poco de una manera preciosa. Pero Locke fue degenerando, y entonces apareció Juliet.

Apareció siendo una cosa, para luego volverse otra, para volverse lo que siempre había sido, lo que se veía venir que era: un alma cándida. Juliet es buena, pero no tonta, Juliet sonríe tan bien como pega un tiro. Juliet habla mucho más por lo que calla que por lo que dice. Y ayer Juliet tomó una decisión, y la llevo a cabo. Fin de los poemas de amor, se acabó jugar a la casa de muñecas. Bien por Juliet. Bien por la pobre Juliet.

Dentro de un año todos sabremos qué pasa con esta isla. Después de todo, a lo mejor la isla no es más que un reflejo de nosotros mismos.

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