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Etiqueta: posmodernidad

I me mine

Después de unos vinos en una abacería portuguesa, un taxi me traía de vuelta a casa. El taxista me hablaba de facebook y yo, inevitablemente, no podía dejar de pensar en la generación yo.

El Renacimiento acabó con el modelo teocéntrico para dar paso a una concepción en la que el hombre era el centro de todo. Pero luego (no importa lo que tardó en llegar este luego) la segunda mitad del siglo XX despejaría la incógnita que dejaba el Renacimiento: el hombre es el centro de todo, pero ¿qué hombre? La respuesta era bien sencilla: YO.

Si el Universo entero empezaba a girar en torno al yo, la Posmodernidad nos terminó de hacer yoístas del todo con el consumo creativo. La María Antonieta de la Coppola, posmoderna hasta la médula, yoísta como la que más, come macarrones de colores, lleva peinados imposibles con maquetas de la marina mercante, bebe vinos espumosos como una cosaca y calza All Stars o Blahnik según la ocasión. María Antonieta, como yo, como tú, consume para ser una cosa y no la otra, se parece a algunos, sí, pero se diferencia de otros. ¿Que el pueblo no tiene pan? Pues que coman pasteles. En todo lo que hacemos estamos hablando de nosotros.

Me parece que hablar de uno mismo es completamente inevitable. Tal vez será porque vengo de una primera generación de redes sociales. Nos hemos expuesto en Fotolog, cuando pasamos de ser cuatro gatos a cuatro millones lo alternamos con Myspace, que más tarde abandonamos por Facebook, nos abrimos una cuenta en lastfm para dejar claro la música que escuchábamos, flirteamos con twitter para que todo el mundo supiera que nos acabábamos de levantar o que las lentejas nos habían salido de puta madre … YO en mi viaje a Berlín filtreado por gentileza de photoshop, YO que me pongo un fondo flúor y sleep with me c’mon why don’t you sleep with me shut up porque este mes se llevan los 90, YO que actualizo mi estado porque estoy contento de loco y le pongo a mis amigas un video en el muro del grupo adolescende del que estuvimos hablando ayer, YO que acabo de escuchar mi canción favorita de La Roux, yo que escribo una chorrada y lo lee una prostituta de Ohio que a saber cómo ha pasado por mi perfil y ha cliqueado sobre el follow.

De una manera a veces menos clara, y de antes de que fuéramos posmodernos, modernos o renacidos, el artista, el autor, ha hablado siempre de sí mismo a traves de sus obras, de una manera más o menos explícita, con mayor o menor conciencia de ello. ¿De qué puedes hablar si no es de tu universo? ¿Qué puedes expresar sino lo que sientes, lo que te interesa o te repugna, lo que te ha marcado, aquello que te hace llorar, gritar, sentir naúseas o soltar una carcajada?

Yo, que aún soy joven, que todavía no he hecho muchas cosas, veo esto cada vez más claro. Tal vez una obra tuya no la comprendas bien hasta que pasa un tiempo, y cuando pasa ese tiempo te das cuenta de que habías proyectado en ella cosas que llevabas dentro de una u otra forma. Tal vez las heroínas de Demasiado corazón no tenían tan poco que ver conmigo cuando su coche se alejaba hacia un horizonte incierto. Poco después del rodaje mi horizonte estaría desdibujado también, tendría tanta inseguridad como ellas y acabaría metido en un laberinto con el minotauro.

Ahora, con mi horizonte trazado, recibo un email con un encargo para el primer día del máster de la ESCAC: una presentación de mí mismo, un autoretrato audiovisual. Y yo, después de hablar de mí indirectamente tantas veces, no sé cómo hacerlo ahora. Un amigo me aconseja que mire los autorretratos de Frida para inspirarme, pero yo no sé si soy capaz de desnudarme como la Kahlo. ¿Qué quiero contar de mí? ¿Cómo quiero contarlo? YO, que llevo años generando discurso sobre mí mismo, ahora me pierdo ante el folio en blanco, ante la cinta virgen, ante el botón rojo del rec. Y no sé qué decir de mí.

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El futuro, mon amour

1959. Se estrena Hiroshima mon amour, dirigida por Alain Resnais. En el mismo año verían la luz Al final de la escapada y Los 400 golpes. La Nouvelle Vague había llegado, y con ella la Modernidad al cine.

2009, cincuenta años después, el ya octogenario Alain Resnais compite por la palma de oro con su nuevo film Les herbes folles.

Años 80, años 90, años 2000. Pedro Almodóvar y Quentin Tarantino, entre otros, nos ofrecen sus “gamberradas”, sus collages, sus rememezcladas y metacinematográficas películas. Lo moderno ya era viejo y había que dar paso al futuro: bendita y dislocada Posmodernidad.

2009, Inglorious Basterds de Tarantino y Los abrazos rotos de Almodóvar también compiten en Cannes.

Sin embargo, si hacemos caso de ciertas lenguas, la Posmodernidad ha muerto, y ahora estamos en otra cosa. Se han caído las torres, tenemos miedo de un ataque terrorista, de cada cinco palabras pronunciadas en cualquier medio unas tres hacen referencia a “crisis”… Fin del divertirse hasta morir.

¿Pero qué pasa con el cine? ¿Cuál es el futuro ahora? Parece que una tendencia fuerte sería la que en España podríamos encontrar con las películas de Jaime Rosales. Es decir, vuelta a los espacios muertos (más muertos y más largos que en Antonioni), falta de espectacularidad visual, importancia de lo cotidiano frente a lo sorprendente… ¿Pero está el futuro en un cine que sólo se ve en festivales o que si llega a las salas lo ven cuatro?

Habrá que esperar a ver que pasa para poder decir “el futuro ya está aquí”. Yo, por mi parte, creo que es imposible dejar de ser posmoderno de alguna manera, pero eso es algo que ya hablaremos.

Posmodernamente,
Tu párvula boca