El futuro, mon amour

1959. Se estrena Hiroshima mon amour, dirigida por Alain Resnais. En el mismo año verían la luz Al final de la escapada y Los 400 golpes. La Nouvelle Vague había llegado, y con ella la Modernidad al cine.

2009, cincuenta años después, el ya octogenario Alain Resnais compite por la palma de oro con su nuevo film Les herbes folles.

Años 80, años 90, años 2000. Pedro Almodóvar y Quentin Tarantino, entre otros, nos ofrecen sus “gamberradas”, sus collages, sus rememezcladas y metacinematográficas películas. Lo moderno ya era viejo y había que dar paso al futuro: bendita y dislocada Posmodernidad.

2009, Inglorious Basterds de Tarantino y Los abrazos rotos de Almodóvar también compiten en Cannes.

Sin embargo, si hacemos caso de ciertas lenguas, la Posmodernidad ha muerto, y ahora estamos en otra cosa. Se han caído las torres, tenemos miedo de un ataque terrorista, de cada cinco palabras pronunciadas en cualquier medio unas tres hacen referencia a “crisis”… Fin del divertirse hasta morir.

¿Pero qué pasa con el cine? ¿Cuál es el futuro ahora? Parece que una tendencia fuerte sería la que en España podríamos encontrar con las películas de Jaime Rosales. Es decir, vuelta a los espacios muertos (más muertos y más largos que en Antonioni), falta de espectacularidad visual, importancia de lo cotidiano frente a lo sorprendente… ¿Pero está el futuro en un cine que sólo se ve en festivales o que si llega a las salas lo ven cuatro?

Habrá que esperar a ver que pasa para poder decir “el futuro ya está aquí”. Yo, por mi parte, creo que es imposible dejar de ser posmoderno de alguna manera, pero eso es algo que ya hablaremos.

Posmodernamente,
Tu párvula boca

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