Donatella parmi les fauves

por tuparvulaboca

En el Salón de Otoño de 1905 el crítico francés Louis Vauxcelles se escandalizó al ver unas pinturas estridentes que liberaban al color de la tiranía del dibujo. Contrastándolas con una escultura de estilo renacentista que había en la sala exclamó su famoso “mais c’est Donatello parmi les fauves!” (pero si es Donatello entre las fieras) que daría nombre a la corriente pictórica fauvista.

Hace dos jueves, cualquiera que hubiera entrado en H&M podría haber exclamado un “mais c’est Donatella parmi les fauves!” al ver la colección de Versace low cost por la que muchos fanáticos de la moda se pasaron la noche en vela para conseguir alguna de las prendas diseñadas por la casa Versace y cosidas por las mismas niñas chinas de confianza de H&M de siempre. Pero en este caso no estaba muy claro quiénes eran la fieras, si las camisetas de 3,99 a veinte metros de la extravagante colección o un público enfurecido que arrasó con todas las prendas con tan poco tiempo de mirarlas, de probárselas, de pensar si verdaderamente las querían, que  durante las siguientes semanas han ido apareciendo de nuevo en las tiendas en forma de devoluciones. Una colección mamarrachamente divertida que, más allá de estampados imposibles de atardeceres y tigres, de palmeras e incrustaciones metálicas, propone una ficción, la ficción de llevar una prenda exclusiva cuando verdaderamente no lo es.

Una rubia tira de una palanca para producir en serie chicas iguales a ella, tan rubias como ella,  tan peinadas como ella, desalmadas y con la misma mirada perdida que tiene ella. Decenas de ojos vigilan desde las paredes la producción en serie de estos seres (des)human(izad)os. Seres que salen a una casa de los horrores donde unas cuerdas los atan para manejarlos como marionetas, donde manos de sombra los mueven a su antonjo, jaulas de oro les hacen pasear siempre en el mismo círculo y un laberinto sin salida aparente les atrapa. Esta ficción podría ser una novela de George Orwell o Aldous Huxley, pero es parte de la campaña de esta colección. Parece que la marca misma ironiza con la serialización de lo supuestamente exclusivo y se muestra sincera con su público: H&M makes us equal, por mucho que la Versace firme sus prendas.

Esta campaña está a caballo entre un ejercicio de sinceridad y una  burla mordaz al consumidor de la colección que se fascinará con la forma sin pararse a pensar que tal vez pueda plantear una reflexión de un rasgo primordial de nuestra cultura de consumo: el juego de la ficción, la pasión por lo sintético. Podremos comprar prendas de Versace como hacen los ricos (de dudoso gusto), pero eso no nos hará ricos. A diferencia de la exclusividad que ofrece un Versace real, su versión low cost nos hará iguales a los demás… ¡pero da igual! ¡Estamos jugando!

Bebemos zumo de naranja en botes que nos dicen que llevan un 80% de zumo, un 60%, un 20%. Mascamos chicles de fresa que no saben a fresa, yogures de melocotón que no saben a melocotón, hamburguesas de pollo que no se parecen en nada a un pollo, helados de limón que saben a ambientador. Establecemos un pacto de ficción al consumir ciertas cosas casi como cuando vemos una película. Si somos benevolentes y pensamos que un hombre con calzoncillos rojos puede volar, ¿por qué no íbamos a aceptar el sabor de los chicles boomer de fresa ácida? Es casi un ejercicio de imaginación, no se trata más que de continuar el juego de pequeños en el que un palo podía ser un caballo si nos lo poníamos entre las piernas o una hoja de árbol un billete para pagar.

A veces echo de menos el sabor de los chicles de fresa ácida, ese sabor que ha desaparecido para siempre y que nuestros hijos nunca encontrarán en una fresa de verdad.

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